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miércoles, 13 de enero de 2010

LA DENTELLADA

No hasta que por fin me haya mordido. Pensé, al percibir su mirada recriminatoria. Lanzó el dardo y su diana fue certera, justo en el centro de mis sentimientos. Mi corazón, sintió un latido de desconsuelo.
-¡No eres mi madre!, ¡No tienes derechos sobre mi!
-Te he dado mi vida desde que te pusieron en mis brazos con solo tres meses. ¡Tengo derechos!
-¡No te daré cuenta de mis actos!
Y… Desapareció de mi vida.

Ahora, con fuerza recurriré a su recuerdo, hasta que las lágrimas desborden en torrentes. Entonces, y solo entonces, podré liberarme del dolor que la hiriente dentellada de sus palabras causó en mi alma.

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