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domingo, 24 de enero de 2010

EXPLOSIÓN DE AMOR

La serpiente me quedó más gorda de lo previsto. Sofía miró el dibujo y seguidamente posó sus inocentes ojos grises sobre la lejana montaña azulada.
— ¿”De vedá Tata que... epiente come niños en a taña”?
— ¡A ti no te va a comer nunca, mi vida! Porque en esa montaña no hay serpientes, hay moras, bellotas, piñones y preciosas flores.
Sus bracitos rodearon mi cuello. Eran tan suaves como flor de algodón. Sus besos dejaban olor a nata caramelo y miel. Tan inocente y tierna como la espuma evanescente de las olas.
La abracé y una oleada de amor explotó en mi corazón. Cerré los ojos disfrutando aquella inmensa ternura...

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