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viernes, 1 de octubre de 2010

HIJOS NO NACIDOS

¡Como los ángeles al caer el sol…! Miré furtivamente la transparencia de sus azules ojos al oír la frase y vi rodar por sus mejillas unas brillantes lágrimas. Busqué con mi mirada el punto del horizonte dónde ella los tenía clavados. Unos niños jugaban alegremente a perseguirse unos a otros.
Me acerqué y la abracé con cariño para mitigar su dolor por las sucesivas pérdidas de hijos no nacidos.
− ¡Tendremos hijos, te lo prometo! Dije para volver a confortar su corazón.
− ¡Ya no tengo esperanza! Mis ilusiones se han roto definitivamente.
Las mías también estaban rotas, pero callé…

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