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viernes, 29 de octubre de 2010

UNA BALA DE PLATA

Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas. Sé que en algún momento esto tendrá consecuencias negativas sobre mí, pero no puedo dejar de hacerlo. Siento que todos los rincones de mi ser se alteran por la emoción, mi estado natural varía y percibo muy fuertes los latidos de mi corazón. Es una forma intensa de vivir. He oído rumores…, amenazas…, pero no quiero hacer mucho caso. Alguien ha dicho que ha hecho fundir unos cubiertos de plata, recuerdo de su familia, para hacer una bala y atravesar mi cabeza, pero… ¡No puedo… no puedo…! Es preciso para mí seguir haciéndolo.
¡Pummmm…!

miércoles, 20 de octubre de 2010

EL DESIERTO DE LOS MUERTOS

Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas, siempre que lo hago lloran desconsoladamente, saben que esto les obliga a volver a iniciar un nuevo rumbo, incierto sin duda. El cambio de identidad significa recorrer senderos nunca transitados y llenos de desconfianzas. Algunos se adentraron en reservas, pero no era su destino, otros en palacios, de donde los echaban por no ser ese su acomodo, los que más... anduvieron por las dunas donde dejaron las huellas de sus pies desnudos y fueron tragados por los vientos. Hoy, sus huesos descansan en el desierto de los muertos.

martes, 19 de octubre de 2010

CADA MAÑANA

Explotó como cada mañana. No sabíamos porque lo hacía, pero todos los días al abrir la ventana explotaba. Estábamos tan acostumbrados a sus alaridos que el lunes pasado no oímos su vocerío y todos los vecinos nos asomamos y gritamos hasta la extenuación.


Esta es mi participación al 2º concurso internacional y anual de micro relatos, que patrocina El Museo de la Palabra. En esta edición han ampliado a 100 palabras, pero en la edición anterior se contaban palabras, espacios y signos de puntuación, con lo que los relatos quedaban reducidos a un micro-micro relato, un promedio de 85 palabras por cuento. En el 1º certamen, el relato ganador, lo conformaba 18 palabras, con lo cual, siguiendo la ideade la mínima expresión, este que he mandado tiene 43, aunque he enviado otro, que sólo tiene 9, pero me parece una exageración. porque realmente haciéndolo tan pequeño, no es un relato, sino una frase.

domingo, 17 de octubre de 2010

UN NUEVO DESTINO

Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas, al sustituirlas, tienen que dirigirse acto seguido al puesto asignado en la identificación. Mentalmente han de trasmutar su personalidad anterior para reajustarse a la nueva ubicación. El diferente sombrero les hace sentir su recién adquirida personalidad, sube la adrenalina y despiertan de golpe, como si hubieran entrado en un mundo nuevo en el que está todo por hacer. La emoción es grande y aumentan de inmediato sus capacidades. Es el momento en que todo lo viejo necesita remodelarse y así, se disponen a derramar sus neuronas sobre la nueva tarea.

viernes, 15 de octubre de 2010

UN PEQUEÑO COLGANTE

Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas. Son idénticas todas llevan un pequeño colgante en el que inscribo en clave su nombre y código sanguíneo, así, al intercambiarlas, ni ellos mismos son capaces de reconocerse.

sábado, 9 de octubre de 2010

DESDE LAS VENTANAS

Algunos lloran desconsoladamente, con rabia, con gritos, otros dejan caer lágrimas blandas, silenciosas. Desde las ventanas hay personas observando la escena sin comprender. Solamente se ha escuchado un grito desgarrador. Yo también observo expectante. Nada me revela que ha ocurrido.

viernes, 1 de octubre de 2010

HIJOS NO NACIDOS

¡Como los ángeles al caer el sol…! Miré furtivamente la transparencia de sus azules ojos al oír la frase y vi rodar por sus mejillas unas brillantes lágrimas. Busqué con mi mirada el punto del horizonte dónde ella los tenía clavados. Unos niños jugaban alegremente a perseguirse unos a otros.
Me acerqué y la abracé con cariño para mitigar su dolor por las sucesivas pérdidas de hijos no nacidos.
− ¡Tendremos hijos, te lo prometo! Dije para volver a confortar su corazón.
− ¡Ya no tengo esperanza! Mis ilusiones se han roto definitivamente.
Las mías también estaban rotas, pero callé…