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domingo, 24 de enero de 2010

SIN TIEMPO

Los niños jugaban a atrapar la luz del sol, saltando de claro en claro a medida que esta se desplazaba cuando el viento agitaba la frondosidad de los árboles. Desde el banco mi abuelo los observaba pintando una dulce sonrisa en su boca. Inclinó su cabeza sobre mi hombro y me susurró.
— ¡No ha pasado el tiempo...! Todo sigue igual. Nos separan 80 años pero juegan a lo mismo que jugaba yo... Y tu padre... y tú misma...
Sonreí asintiendo con la cabeza. Leí en la mirada de aquel amado viejecillo, la añoranza de sus tiempos infantiles, que ante la carencia de juguetes, inventaban carreras y saltos para divertirse.

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